MARTES CUANDO DUERME

1.
La piedra se desliza, incapaz de sostener su propio peso, la textura porosa de sus lados conexos se humedece al rozar raíces de árboles, frutos, bancas. La piedra y mi zapato ponen en contacto mi cuerpo con otros cuerpos, muchos, antiguos, silenciosos, vibrantes muertos. Mi cuerpo, habitado, gravitado, incansable pesada cáscara, una clausura contra mí, por mí. La piedra se escabulle entre grietas, hendiduras, profundidad de esta acera angosta que chorrea jugos, mastica, vomita, devora su propia caca. Patada, patada, escondite, rara niebla triza los vidrios, humedad, vapor, la calle se acerca desde las fisuras de esta piedra. Las cicatrices se acumulan en sus vértices y la inmortalidad se impone sobre ella, dura, quejosa, aplastada, eterna, pateada, escupida, cosa. En cada despojo, la piedra es un sobro de destrucción, borbotean intentos fallidos de una vida mejor, de una reconciliación y fracasos inconclusos. Importa lo que permanece en intersticios, en hendijas, y no se pertenece; no puede resistir éste golpe y es inmune a su fuerza. Condición dual, apertura irrestricta a lo que daña sin enfermar, sin debilitar. La piedra subsume sus entornos, con cada tumbo especies partos mercados regazo sucumben. Piedra es decir vida abismal sin miedo coraje contigüidad ilesa; presencia sin sombra dureza sin medida. Un arma límite recuerdo satura el recorrido sin constituirlo sin trastornos da todo de sí. Sin saber.
Paisaje de lo bajo: sin reparar en este espacio limítrofe entre mis pies y el cemento camino, arrastro féretro sin rumbo. Decidido, eso sí, a buscar archivos metálicos que contienen nombres tinta seca números identificaciones procedencia y deceso. La acera convexa rasero el techo gritos como reclamos o anuncios es mi perdida, memoria calcinada de una caricia del puño severo de las celebraciones que no incluyeron mis anhelos de exposición y líquidos tibios lenguas sedientas de noches exiguas intensas vergonzosas. Lacrimosa pendejada señala la silueta que me induce a ser hombre soportar el ahogo vacío, siento el temblor y la exigencia pendejo que nada hay que recuperar objetos postales se entreveran para quedarse conmigo. En lo bajo zumba el caído sangre melaza pide ruega que los cristales sean arrancados de su piel nosotros caminamos maricones dicen porque queremos mucho esas perras que abren las patas calladitas.
No rueda, se tambalea. Tampoco choca porque no le compete el accidente o la fatalidad. Insulsa no muerta, tibia sí como esas acequias que cortan en dos las áreas vecinales en las que juegas a la guerra un coronel mandril bombas sobre un cadete que eructa sal destruyen los soldados Operation Just Cause cantan desde la rotonda los vencedores de esta batalla cañonazos lucecitas lejanas calientan las noches sosas de la década extraviada en pantallas años maravillosos de cadáveres rastreros. Nada pendejo estamos en el blanco y negro de la alegría avecilla blanca se sierpe sobre tus ganas. Caen despacio los amigos de alguien que no podría ser yo. En lo bajo balbucean nombres de los que desean venguen su inacabado futuro. Incliné la cabeza para asir susurros: en patios ahora distantes descifran mensajes contenidos en barro y aguacero, hojas de menta, anal el gozo, estomacal el estruendo que altera la calma de los juegos púbicos. Llegan las primeras noticias de viaje: breve parada en tienda, memora de tus simples escondites, intento de tristeza. Estamos contentos por tu buena suerte. Tantas ganas de ser distinto te alejaron de nosotros, en buena hora; aquí es tarde y no esperamos más que una señal para seguirte.
Innominado trabajo: castigar piedras, atajo para desilusionar buscadores. Con esta calma característica de quienes caminan entre maleza basura desparramada sentimos el bajo cadencioso burbujeante paralizado sucia costra se revuelve es un hombre dicen azorados y grasosos los que destazan reses. La costra se arrastra toca tobillos sedas cordones, los dedos pus erecta pide perdón por la molestia invoca idos dioses música tres acordes los dioses lo retienen colman sus llagas de culpa y propósito. En su ingle se detiene la piedra. Brilla la tierra maltrecha hombre piedra desecho traga basura escupe nombres, él también recuerda la incandescencia de los paracaidistas que crean la diversión de tus padres. Diversión pública cuartos placer privado. Esos cuartos piso ocre cortinas satinadas en los que conocimos la saliva en las piernas las manos uñas raspan calzones muslos de calenturas dominicales. La piedra se inserta en sus órganos bullicio de bilis hierve el cuarto saboreo mis primeros dientes sarrosos besos profundos gargajos sediciosos. Qué ritmos esos de las parejas equívocas que restriegan sus medias blancas en las colchonetas plásticas proyectos de vivienda inaugurados para la alicaída no derrotada socarrona generación de madres despojadas prematuramente de su himen sonrojadas compran legumbres en viviendas vecinas. Salimos con el amor empapado en las rodillas hemos crecido sin aflicciones, encomendados, con algunas deshonrosas excepciones, al cuidado omnipotente y omnisciente de versículos coros declamación disciplina abierta a la alegría.
2.
Orgullo sobra. No hay duda. Las balas próximas parecen pruebas de nuestra remarcable soledad. Qué desasosiego, obsesión no tener cerca estas veredas que hacen muecas al tiempo que las acecha otro tiempo. Entre poste y poste murmullos de nosotros ecos de otros de quienes nos diferencia un guiño tos esfínter nada básico. Una pausa para ver la esquina sus canastas, trapos, confeti, yo henchido de valor por los tonos de la victoria que salen serpentean por las ventanas, por existir aquí en este suelo denso con tramos tricolor tecnicolor por eso se me llena el pecho y la boca de rocío azucarado. Queda pendiente la celebración definitiva: las bodas del cordero amplificadas. Importa que creamos que aquí y sólo aquí nos hemos acercado a la maternal seguridad del útero viscoso que nos expulsó con regocijo sin más. Expulsión purga incomparable de la que no recordamos nada pero olemos a ella. Olor de rechazo, de imposible albergue que nos verte para recuperar su forma ovalada. Intimidad olvidada que se presenta en cada orificio tenso que se cierra niega a nosotros. Colmo de colmos este olor a humillación lo arrojan desde los cajones de banano que se apretujan junto a ramilletes cobertores alarmas afónicas. Respirar es de suyo el recordatorio de nuestra desdicha. Qué dolor inmenso respirar este aire de palmera ciprés enrarecido hormiguero de sensaciones todas ellas apuntan a la prematura degradación de nuestro estatuto: de habitantes imperturbables a olientes estremecidos. Que así sea. Otra sombra musita un desparpajo nos aleja de la esquina la vemos sin reparos decimos hueles a mí dolor ancestro ausente de esta caminata si acaso llamas desde la orilla de tu castigo estamos dispuestos a acompañarte salpícanos con tus fluidos detennos. Nos transformamos declamamos gesticulamos manos en las mejillas contorsiones que nos abren paso hasta vos pretérita dicha cementosa.

Papeles

Me pregunta Demetrio Salih acerca del estado actual del proceso electoral costarricense. Demetrio  consulta por tendencias, candidatos, partidos, anuncios televisivos e incluso sobre el poco conocido libro Cómo acabar con tanta felicidad. Una sección de su carta dice “después de un debate televisado ocurrido hace un par de semanas necesito hacer dos preguntas : crees que sea suficiente que acusen de comunista a un candidato y su partido para que sea aplastado en el torneo electoral (aquí se remite a una nota al pie de página en la que Demetrio, después de leer una encuesta, confirma que la acusación de comunista es suficiente para limitar el crecimiento de un candidato) o, más aún, para censurar y bloquear a los sectores sociales que se agrupan con ese partido? La segunda pregunta, la más interesante según mi criterio, dice así: “existen derrotas más bellas e importantes que una victoria precoz?”

La pregunta admite varios ingresos. En primera instancia las dos preguntas remiten a una misma cuestión: si en una sociedad es posible detener, bloquear e incluso destruir una iniciativa ciudadana plural a partir de un único criterio desestabilizador resulta probable o, más aún, indispensable para su éxito electoral que el conjunto de las propuestas, luchas y demandas de esos grupos se coloquen dentro del espacio permitido por las prácticas  anticomunistas. Asunto grave. Así, el lenguaje y formas de comunicación a través de los que se gesta la práctica política, no sólo electoral, tiene como eje instaurador y regulador la combinación de fundamentalismo, engaño y cinismo. En un torneo electoral se asienta y disemina el modo en el que es permitido soñar la vida social. La izquierda, desliza Demetrio, debería resguardar sin reparos la gramática de sus sueños. Sin reparos debe entenderse como con total desdén hacia los resultados electorales. Se sigue de esto que la pretensión de izquierda es instituir rupturas y no acumular votos. La bella derrota de la izquierda sería conservar su capacidad de disonancia. Se trata de Costa Rica así que al menos tiene garantizado ser ignorada.

Un país como Costa Rica, hay que advertir a Demetrio, no puede admitir y soportar más derrotas. Sigo que hay más. Anti-comunismo es el nombre que se ha dado a la cancelación de la política y a la administración hilarante de la destrucción sistemática de los logros de los pueblos costarricenses. Lo enseñan en Harvard para más señas.  La izquierda en este contexto está parcialmente representada por el Partido Frente Amplio. El Partido Acción Ciudadana ha realizado un denodado esfuerzo, especialmente en las últimas semanas, por convencernos de que los susurros son capaces de enfrentar la acumulación de luces de neón que han sustituído por decádas la práctica política. Anotá eso Demetrio. Se quejan algunos, dice la carta, que el candidato del Frente Amplio es mesurado y bondadoso en exceso con la oligarquía local, que invoca al Sumo Pontífice y que incluso cuenta chistes. Como Demetrio es tierno cuando termina de mencionar esos reclamos cierra con una carita feliz de color amarillo. Si en Costa Rica hay quienes se oponen al salario mínimo y gritan porque se instaure la mano dura!

Volvamos a las bellas derrotas para terminar. Sí, Demetrio pueden existir bellas derrotas (abro este paréntesis para decir que una de ellas podría ser un 1-0 contra Brasil en la final de la próxima Copa Mundial de Fútbol, cierro la disgresión con la debida disculpa que estamos con temas serios) pero en Costa Rica una victoria electoral de las izquierdas nunca, después de nuestro sesudos Programas de Ajuste Estructural, podría ser precoz. Así vamos Demetrio, ahora habrá que esperar por los sueños de nuestros hijos. Nos pusimos viejos! Desde aquí con el mesurado Villalta.

Martes cuando duerme

Tenía el propósito de escribir una opinión sobre The Marriage Plot pero no pude iniciar. Releí un cuento de Carver, sí “A serious talk”, y pensé de inmediato que una novela carece de justificación. Salvo que se escriba Frankenstein La novela luminosa, es decir que se cree una forma de bloquear la novela.  Tengo pendiente una nota sobre el porno. Inicio desde ahora: en el porno confluyen, de todos es sabido, la decencia y los buenos modales como en pocas formas de comunicación. El porno cancela cualquier posibilidad de exceso, reintegra la voracidad a la cadena alimenticia. Es cierto. También, y esto no es un detalle deleznable, el porno es capaz de traspasar sus fronteras. Al hacer referencia a sí mismo (el porno es, además de intertextual, una máquina de plagiar) reconoce su debilidad y decadencia. El porno hace referencia a sí mismo cuando en su inicio retorna al hábito de la calma: la doble penetración está antecedida, sin variaciones, por una serie inamovible de transacciones inaugurales. El porno de principiantes o amateur  muchas veces carece de convenciones. La eyaculación masculina puede ocurrir después de un minuto de grabación o puede no ocurrir porque no participan varones. La eyaculación facial tiene el lugar del prólogo que tanto disgustaba a Cervantes. Vuelvo ahora a la novela. No será El fiord la única novela porno? Existen videos amateur en los que lo porno inicia con la revelación del proceso de grabación. La pareja, trío o grupo explica cómo tomaron la decisión de grabarse. En cortos como In the Vip lo que predomina es la fantasía de la inexistencia de la grabación. Estoy por terminar. Cuando una novela aspira a la desmesura se extiende en reiteraciones y referencias a sí misma. Quiere eyacularte en la cara.

NSC Meeting

La política exterior estadounidense es una expresión de las decisiones de empresas privadas. La desestabilización, la organización del terror y la guerra abrevian los procedimientos al mismo tiempo que protegen los negocios. La violencia es la política. En la escritura se organiza la muerte. El memorando, desclasificado en el año dos mil dos, “NSC Meeting, November 6–Chile” firmado por Henry Kissinger el 5 de noviembre de 1970 es una sentencia. “Allende is a though, dedicated Marxist. He comes to power with a profound anti-US bias”. Además, agrega el político estadounidense, “US investments (totaling some one billion dollars) may be lost, at least in part”. En el documento de la National Security Council (TOP SECRET)  “Minutes of the Meeting of the 40 Committee, 19 November 1970) se consigna que: “Mr. Kissinger, in the role of the devil´s advocate, pointed out that the proposed CIA program was aimed at supporting moderates. Since Allende is holding himself out as a moderate, he asked why not support extremists”. Kissinger hace explícita la pregunta política fundamental del Imperio: ¿Por qué no asesinar a todos? ¿Qué impide que destruyamos a los que percibimos como una amenaza? ¿Qué vidas pueden ser vividas? La sangre se evaporaba del punto de penal cuando Kissinger tomaba coñac en el Instituto Aspen.  Después todo bien. De mil maravillas. El diablo, pobre Milton, es el único que perdió casi todo. ITT aumentó ganancias. Kissinger hoy es reconocido como un pensador sagaz y frío. Todavía decide el futuro de la muerte (J. Kerry).

En la edición digital de La Nación del día 8 de setiembre (http://www.nacion.com/ocio/artes/Julio-Rodriguez-personaje-periodismo-costarricense_0_1364863528.html) dentro de la sección Ocio aparece una nota laudatoria, un saludo pues, a Julio Rodríguez.  Es presentando como “gran personaje del periodismo costarricense”. En la fotografía que encabeza la nota Rodríguez me mira. Al fondo, a su derecha, una traducción castellana de la Biblia. El pie de la foto informa que el editorialista retirado es “aficionado a la filosofía”. ¿Qué lee J. Rodríguez? Antes de la entrevista leía estas frases sueltas, abigarradas, filosóficas: “We are a people with energy. We have no indians”…. “We have never lost a war. We are proud people. On the human rights front we are slowly making progress”. Se detuvo en progreso, qué paradoja, antes de que lo atrapara el ocio. Consolación para la  filosofía antes de ser subsumida por el Galactus belemita: se acordo de vos en la penumbra. Tiene razón el narrador, los buenos hombres son imprescindibles. Ojalá lo mire J.L.Pinto Afanador.

La vergüenza, en el pasado filósofico reciente, según consta en Zurqui, era una marca de humanidad. Exponer los testículos, según información TOP SECRET, es la nueva figura del espíritu.

La Carmen Lyra

Es la hora de los títeres en la Carmen Lyra. Un cocodrilo, un elefante, varias abejas, aguacero, helechos flotantes adornos de un sótano. Firmamos los tres, entramos, nos pellizcan, nos compadecen, vemos las suelas de sus zapatos por las ventanitas pequeñas, ya se van. Cada uno sigue, hasta donde puede, el resplandor del prendedor, la sombra del collar, el sonido del hule, Rego, Rego, Rego. Por qué te vas? Todas las promesas de mi amor se irán contigo. Pero no voy a llorar; estamos aquí para aprender nuestras canciones de invierno, la educación de las aceras desbordadas. En el invisible ano del Parque Central. Vinimos aquí para dar chance, porque es más seguro, escondite sin tarifa. 

La Biblioteca tiene sillas color naranja, oscuro óvalo, estantes aferrados a las vigas del kiosco, anuncios parlantes cinta pegajosa en el pecho esperamos ya casi vienen. Debajo del suelo goteras mujer zorra que nos enseña a leer con orejas de conejo rabo culo tetas. Es la hora de recitar, de presentarnos, aquí abajo abajo nos caminan encima circularmente; eruptos sollozos gritos desperdicios vamos entre venga sin compromiso.  Varoncitos limpiecitos ordenados bien hablados  entre  bichos  que nos tocan las axilas para que nos pongamos bien contentos mientras ellas desaparecen en cuartos techos pasadizos angostos entre brazos guaro El Pacífico. Hoy quiero bailar sólo contigo. 

La hora libre, igual que un niño, me escondo detrás del telón, cruje la madera; entre mis pies la saliva de los actores toma forma de mapa, de carta, de hebilla en la espalda. ¿Qué nombre podemos dar a nuestra presentación? La faja cae duro y constantemente sobre la nuca empapada, los libros lejanos, cerrados, en las repisas, en las almohadas mohosas que esperan por nosotros en lo bajo. Mañana vendrá el beso, la despedida, la espera. La Avenida Central abre su estómago hinchado, al final el amor siempre aparece.  Vinimos a recibir instrucción mientras se saldan deudas con gemidos forzados. Pío Pío, payasitas, escuela para todos, clandestina educación para los niños y niñas que recitan !Upe Tío Coyote! ¿Cómo le va yendo?

Melodía de la formación ciudadana, ritmo del campo verde y encías blancas. Los animales hablan imitando un tiempo inexistente, ficción en ficción, sueño que sueña, amamos la patria despoblada de los conejos campesinos. Repetimos cada sí-la-ba para acercar el futuro de manos amigas cooperación rural altas mujeres nadando heladas las manos y no encuentran su cinco. Estamos en las gradas, vemos las bancas ladeadas, pasamos la calle para escampar.

La Cañada

Desde la Coca hasta La Cañada había, hace 22 años, cinco o seis cuadras. Olía a Ciudad Satelital, velocidad reducida en la esquina diagonal al Banco Anglo; arriba el Herediano, la neblina, la aceleración repentina, polácos. La Cañada no era La Merced, las separaba un incendio, hedor de aceite desde Barrio Cuba. Hacia abajo el rojo intenso de los tacones, el fustán, El Colón. Amiga tengo el corazón herido. Los aretes de Vicky Carr se mueven en la pantalla de un Toshiba intermitente, gris, la espalda rosa, perillas que vienen desde Caracas. Son cosas del amor. La esquina se revuelca. Los dedos llenos de grasa se deslizan por las medias blancas, estampadas, escolares que se amontonan en cajas; tome, vea, sienta, pase, reina; tapillas, cemento, melcochas. Vinimos a hacer vueltas. A dar vueltas. Un mandado que nadie mandó.

Desde La Coca se veían enredaderas, palmeras, la pantalla gigante. En el Banco Negro tomamos café gratis, en el Templo tomamos café gratis, además oramos, alabamos, aprendemos a odiar Manantial, Gaviota, los mil recuerdos, los mil veranos, y nos gustan las bombas sobre Noriega, La Tormenta del Desierto. Luces, juegos, fondo negro, excitados por la claridad. Estás tan bella tú. Nosotros damos vueltas. En La Cañada; antes del Parque, por la San Gil. Desde ahí se ve El Chorrillo pulverizado. Te invito a ser feliz. Nos sentamos, pedimos una Milory, para compartir, dos piezas, para compartir, para ser felices dando vueltas, esta noche es fantasía. 

El cuchillo entra despacio, nadie corre, nadie sabe, y el frío crece. Cae un botón, rueda y va a la alcantarilla. Gotas de sangre sobre los periódicos, chorros de sangre más abajo, en la Colonia Kennedy; Ticos en la bolsa de la camisa. Se mueren, callados, obstinados, amarillos, los tíos, las abuelas de trenzas largas, el delantal manchado, el té de menta, se mueren diciendo secretos. El ladrillo rojo con iniciales, señas de vida, Tita x Pitopi. Amantes de la multiplicación.

Nosotros andamos haciendo una vuelta en La Cañada. Zum Zum. Cementerio. Las orejas desgarradas por la fantasía.  Aquí lo damos todo. Todo, sí. Porque en La Cañada se hizo un país, un corazón, ta, ta, ta. Nadamos en orines, en cerveza, sonó la marimba turbia y nos hicimos país, sin querer. Bajo el cielo de un verano italiano. De eso hace tiempo, disculpen que lloremos. En la Sylvania se consumen los pulmones de las niñas madres que no celebran con nosotros aquí en el quiosco.  Se cambian pretinas por ilusiones.

No, dice la patroncita, este año no hay aumento. Abrí las piernas malparida para ver que andás. Para ver que te querés llevar hijueeeputa. La patrona también camina por La Cañada. Qué rico despedazar su hocico contra El Gallito. Nosotros no, nosotros no creemos en la Vírgen.  La Cañada estaba a tres cuadras de La Vienesa, hace 22 años cuando oscurecía sin atenuaciones. 

Tralala todos los días

Bombs over Harlem´d kill

People like me

La presencia del negro, su aparición física en el espacio íntimo y privado de los residenciales resguardados, de las avenidas turísticas, de los predios universitarios, faculta la operación defensiva. El negro está rodeado por patrullas, retenes míticos y accesorios punitivos; se pone la capucha para que lo miren a los ojos; siente la saliva agria en la nuca, el golpe seco en las costillas. Aquí todos son soldados, a cada quien se le ofrecen millones de campos de batalla para que expresen su plena ciudadanía. Frente al negro se actualiza la posibilidad de devenir héroe. Esa negritud que nos arrojan junto con balas y caramelos es la que dinamiza la peculiar descomposición de las mediaciones: el negro puede ser castigado directamente en el cuerpo, en la carne; el veredicto descuartiza el cadáver. Se preserva el procedimiento jurídico al tiempo que se acelera el circuito de la desaparición que condensa la industria carcelaria. Ahí, como en un viaje sin regreso a Tralfamadore, se amontonan latinos, negros y aliens. También, sin contradicción, el negro es pigmentado con neón y rojo incandescente. La piel es también capital. Bajo la inminente amenaza de muerte se desarrollan espirales de violencia local, en los barrios caen niños abatidos que son inmediatamente traducidos como pruebas de cargo: son la brutalidad. Por eso toda defensa moral que dice “este muchacho era bueno” refuerza la inercia inculpadora.

La vida del negro está a disposición de cada invididuo en tanto portador del derecho de preservar su vida. El gran propietario blanco castiga detrás de mil máscaras puntiagudas, las capas medias disparan para satisfacer sus anhelos incumplidos. El negro es puro físico, biología descontrolada, asesino a sueldo de sus pasiones salvajes. La defensa de la propiedad privada contiene varios niveles relacionados: propiedad privada son también las formas invisibles que cohesionan y garantizan la continuidad del proyecto civilizatorio que ha hecho posible las bombas sobre las capuchas. Los bienes invisibles se protegen atravesando la cosa corporal negra.  La categoría propiedad privada se extiende, en los Estados Unidos, hasta el dinamismo onírico: los negros son las pesadillas de Satanás. Por eso a la industria carcelaria, a la violencia sagrada de la defensa de la propiedad, la complementa la industria de sueños. Que el negro aprenda a soñar en  la igualdad asimétrica, en la dignidad de la lucha a muerte, en alcanzar su felicidad negando la barbarie. Los bienes invisibles, el capital del capital, son las líneas, los vectores que transportan los modales, la disposición corporal y anímica que hacen posible la existencia de agentes económicos dispuestos para ofrecer la vida. Tener temor de Dios: ocultarse en las noches en los apartamentos calurosos, evitar la fiesta improductiva, la conversación anónima en las escaleras, el negocio de cigarrillos, el murmullo de las esquinas, el poema indecente, la arritmia del piano. El negro que se desvanece, como en una obra de Bearden, atenta contra Dios. Solicita el disparo, el humo denso de la pólvora es parte de un ritual fundador.  Dentro, muy dentro, por debajo de la piel está escrita la condena: You niggers keep quiet! 

Incluso en silencio los negros caminan por valle de sombra y muerte. Desgastadas la metáforas e hipérboles es suficiente con la presencia. La propiedad invisible, la más privada de todas las formas de propiedad, está vetada para los negros porque su tenencia requiere de unas capacidades que en sus momentos políticos más radicales los negros se han resistido a asumir: “America was never America to me“. América, ese cuerpo difuminado en reservaciones, plantaciones y espectáculos, es el sueño que debe soñarse. Cuando un negro sueña el sueño voraz de la industria armamentista puede ser un efímero dignatario. Nadie es blanco ni negro fuera de relaciones sociales específicas pero, es necesario insistir en esto, el color es un constituyente político.  La sociabilidad estadounidense adjudica, a partir de la piel, lugares y destinos. Lo social se reproduce a partir de esta diferenciación. La crítica social se convierte, así, en la crítica de su institución metafísica: “Are you always a White Man. Huh?” Piel, aquí, hace referencia a una desaforada y estable asignación de identidades. Por ello Bearden cortó en pedazos lo negro hasta hacerlo irreconocible. No para anular las contradicciones y luchas mas para darse a sí mismo un espacio desde el cual luchar. Este espacio, nunca constituido plenamente debido al acoso y asesinato, no pretendía organizar un margen para los anormales. Por el contrario, buscaba rebasar, romper el lugar desde el que nacían las identificaciones.

El negro existe. Kids will die in the streets of Chicago. No hay que hacer monumentos de los niños muertos, no hay que dejarlos petrificarse, no hay que dejarlos quietos en su charco de sangre. La lucha es contra la muerte organizada, medida, acelerada, impune. La mujer de Lot todavía mira con rabia la furia de Dios. Mirar hacia adelante es la exigencia de los defensores del estado de guerra contra los encapuchados.